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SUMA DE LETRAS

LA ESPERANZA VERDE

LA ESPERANZA VERDE

De las elecciones brasileñas el dato que más gratamente me ha sorprendido es el excelente resultado de Marina Silva. Exministra de Medio Ambiente de Lula, 52 años, ecologista y ahora factor determinante en la segunda vuelta. Al frente del Partido Verde, esta mujer luchadora y humilde ha obtenido casi el 20 por ciento del sufragio, unos 20 millones de votos, muy por encima de las expectativas y los sondeos.

 En un país como Brasil, cuyas más de dos terceras partes son territorio selvático, Silva ha situado a la Amazonía como eje de su programa político. A diferencia de la clase gobernante convencional, que entendió la Selva como una despensa abierta a incontables negocios, desde la madera al petróleo, Silva manifiesta una sensibilidad capaz de invertir la visión de los mandatarios brasileños. La selva no es infinita ni el expolio de la misma es gratuito, viene a decir en su programa. Es el principal patrimonio de Brasil y seguramente el último rincón realmente natural del planeta. Cuidar, proteger y mantener la Amazonía no es únicamente una cuestión de ecologismo utópico en un país que ha enderezado su crecimiento y el nivel de desigualdad, sino una necesidad para garantizar un desarrollo inteligente. Pensar que veinte millones de brasileños han compartido ese discurso parece un síntoma de que algo puede estar cambiando en la conciencia global. 

Marina Silva sabe bien de lo que habla. Se crió en la selva, trabajó en el caucho y no aprendió a leer y escribir hasta los 16 años. Quien conozca el proceso de extracción de la goma (la balata la llaman en Brasil) sabe que ha sido y es uno de los trabajos más duros del mundo. En la primera mitad del siglo XX la selva se convirtió en una suerte de Dorado al calor de las ingentes riquezas que propiciaban el caucho y el oro. No hace tantos años que centenares de trabajadores morían consumidos por la malaria y las condiciones de trabajo en lugares remotos de la jungla amazónica y unos pocos más que en la selva se realizaban partidas de esclavistas para capturar centenares de indígenas a los que después obligaban a extraer el caucho. Mujeres y niños eran vendidos como sirvientes en las plazas de Armas de Manaos o Iquitos. No es necesario remontarse al pasado, sucedía en pleno siglo XX. 

De la lucha contra esa esclavitud consentida surgieron líderes como Chico Mendes, asesinado años después por los sicarios de los patronos de las haciendas, y el propio Lula da Silva. Marina Silva creció en una época menos ingrata pero bebió de la misma corriente de justicia que cree que la selva es el aliado y no el paraje en el que otros cocinan sus fortunas.  

 Hay dos libros que retratan magníficamente esta realidad: “El río de la desolación” de Javier Reverte y “Senderos de libertad” de Javier Moro.

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